martes, 15 de abril de 2014

¡Qué privilegio!

Por demás está decir, para los que habitamos en esta pequeña isla, que somos  un pueblo de un alto valor cristiano, donde hombres y mujeres, sin importar nivel cultural o social, viven la fe cristiana. Para aquellos que han tenido la oportunidad de visitar otras naciones, por ejemplo  el continente europeo,  habrán notado  cuán escépticos son los individuos en cuanto a lo espiritual.
Entienden que es una especie de mecanismo de defensa de los pobres y aquellos con falta de intelectualidad para evadir su propia realidad. Tanto es así, que fue considerada la religión (aunque el Cristianismo no es una religión) como el opium de los pueblos, o lo que es lo mismo, una forma de buscar cómo vivir la realidad.

Sin embargo, en nuestro país tenemos la oportunidad y la bendición de vivir en una sociedad donde desde el más alto nivel, que es nuestro Presidente, clase intelectual y profesional, hasta el que vende frutas en una esquina, no solo busca de Dios y cree en Él, sino que da gracias en la situación más insignificante por todo. Algo cotidiano en el día a día nuestro es, al preguntar a alguien “¿Cómo estás?”, recibir como respuesta “bien, gracias a Dios”. Hermosa bendición para todos es ser dominicanos; donde la libertad de culto es una realidad palpable, cualquiera profesa su fe sin importar a qué grupo pertenece. Mientras, todavía hoy en pleno siglo XXI, existen países donde, no solo está prohibido hablar del Creador, sino que llegan hasta el punto de encarcelar y matar a aquellos que intentan profesarlo.

Semana Santa es tiempo propicio, además, para aquellos que por el correr en su día a día, no han comprendido la importancia de llenar esa parte, que por muchos bienes materiales que obtengas y posición o estatus social que adquieras no se satisface. También para que hagan un alto en el camino y aprovechen este espacio para ver y preguntarse lo siguiente: “¿Qué me pasa, que lo tengo todo pero me siento vacío?” “He adquirido fama, dinero, alta preparación académica. Entonces, ¿Qué me falta?”

Como especialista de la conducta, he entendido, por vivencia propia y de mi familia, la importancia y llenura que trae a la vida del ser humano aprender a, como dice la Biblia en Mateo 6:33: “Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Me pregunto...

En días pasados, recibí un video, de tantos que le llegan a uno, que fue de gran impacto para mí. Un niño, que por su voz no parece tener más de seis años, cuestiona las implicaciones y cambios que trae la vida, a partir del momento que llega la mayoría de edad; no entiende por qué los adultos pierden la sonrisa, andan preocupados, la mayor parte de su tiempo se la pasan buscando dinero y más dinero para comprar cosas y que, una vez obtenidas, para nada parecen servirles porque siguen con los rostros endurecidos. Se hace una serie de cuestionamientos de hasta dónde es mejor quedarse niño que entrar y montarse en el “tren de los adultos”.

Cada día las personas se enfrascan en más tareas, las cuales les roban no solo lo que analiza el niño, sino que acaparan todo su tiempo, sin que apenas puedan disponer del mismo para las personas cercanas, especialmente su familia. Si te sientas a conversar, por ejemplo, con jóvenes, te darás cuentas que por lo general estos han perdido la costumbre de compartir en familia, ya que por lo visto la familia, debido a múltiples ocupaciones, apenas coincide en el hogar y, cuando están, son tantas las preocupaciones y, como dice el niño, “caras duras”, que aunque tengan la necesidad de hablar con sus progenitores, entienden que ya con los problemas expresados en sus rostros les basta.


Entonces, ¿con quién van ellos a hablar y a quién le van a expresar sus inquietudes, necesidades y dudas? Es por eso que, igual que el niño, desearán retroceder, no crecer y así tal vez les hacen caso. Lo peor de todo es que lo más adultos no se dan cuenta de la situación, porque ya han hecho de esto un estilo de vida que no solo les envuelve, sino que se acostumbran y, apenas llegan al hogar, necesitan seguir revisando y tratando de seguir solucionando cosas “importantes” y que son “necesarias de analizar” y con ello al día siguiente ven si se pueden solucionar. En este círculo vicioso vive una gran parte de la sociedad; sin darse cuenta que, cada vez más, va perdiendo, no solamente la capacidad de sonreír, sino de compartir la cosas pequeñas, disfrutar pequeños momentos con sus seres queridos, lo cual, si te detienes a ver, es lo único que verdaderamente tiene sentido. ¿Te encuentras dentro de este grupo? Rescata lo que en realidad tiene valor.

viernes, 21 de marzo de 2014

Asesinos Sueltos

Regresando el domingo 5 de enero, de este mismo año, de hacer entrega de juguetes a niños de un campo de Baní, función que realizo con un pastor y su esposa desde hace años, pasamos un gran susto. Justo llegando al peaje conduciendo mi vehículo en el que veníamos cinco personas, un autobús repleto de pasajeros se nos abalanzó encima, de forma tal que, gracias a una buena respuesta de reflejo de mi parte, me tiré casi sobre un muro para que no nos aplastara. Y, lo peor de todo fue la sonrisa burlona del conductor de aquel vehículo;  parecía como si el inminente peligro le hubiese producido un gran placer. Pero, unos minutos antes, en el mismo tramo, vimos un motorista tirado en el pavimento a causa de un accidente que acababa de tener. Los accidentes de tránsito en la República Dominicana ocupan las principales noticias en los medios de comunicación, con lamentables pérdidas de vida y, aun con los esfuerzos que están realizando las autoridades competentes, siguen siendo una de las principales causas de muerte que se dan día a día.

En ocasiones anteriores, he hecho mención de que una persona con un volante en la mano es alguien que si no tiene la salud mental y condición emocional adecuadas, representa un peligro inminente, tanto para sí mismo como para los que transitan a su alrededor. Voy a hacer énfasis en los choferes de vehículos, motivada por la desgracia recién ocurrida en la carretera de Azua, donde nueve personas perdieron la vida y otros se encuentran heridos, por la imprudencia y, más que imprudencia, por el acto criminal de una persona que conducía una patana en vía contraria. Pero, son muchos los accidentes que diariamente son provocados por el desafío de estos individuos, que pareciere que el tamaño del vehículo que conducen les hace sentir que son dueños de nuestras carreteras.

Cuando miro cosas como estas me pregunto si se está cumpliendo el respeto al mismo. No es suficiente con que estos choferes pasen un examen práctico, teórico, oftalmológico y físico. Es vital someterlos a una evaluación rigurosa y exhaustiva de la condición de su personalidad y de su estado emocional por psicólogos, psiquiatras y especialistas en la materia. Los accidentes provocados por estos individuos, son actos tan criminales como el que toma un arma de fuego en sus manos para terminar con otra vida.

Es penoso

En nuestro país existen algunas familias, tanto de descendencia extranjera como nuestra, que hoy día, sin haber sido originalmente ricos, poseen de las principales fortunas de la República Dominicana. Éstas y sus descendientes, durante décadas han realizado arduas tareas, acompañadas de sacrificios y esfuerzos en los cuales se involucran todos sus miembros. Mirar las posiciones económicas, moral y social que hoy lucen, es muy sencillo y, querer llegar a estar como ellos a pasos agigantados es frustrante y peligroso, ya que desde afuera no se ve que estos logros han sido dados escalón tras escalón, sacrificio tras sacrificio.

Opuesto a esto, pareciere que las nuevas generaciones consideran que los bienes se adquieren en forma de microondas, sin tener que sacrificar nada, empezando desde lo alto y olvidando que, si subes dos escalones a la vez, casi seguro tendrás una fuerte caída. Por tanto, es preocupante, cuando te sientas a conversar y descubres la prisa y el fenómeno de competencia que se da entre ellos, para ver cuál llega más lejos en términos económicos, quién exhibe más cosas (casas, carros, viajes, etc.) y, lo que es peor aun, la manera permanente de divulgarlos a través de redes sociales, provocando consciente o inconscientemente mayor sentimiento de querer estar igual o mejor de parte de quien lo recibe, que son sus “amigos”.

Vivimos un momento histórico, donde existe la confusión de cambiar “quien soy” por “lo que tengo”. Esta búsqueda rápida de sobrepasar familias que llevan, como señalé al inicio, a veces hasta más de un siglo de trabajo para llegar a donde están, es una problemática que puede hacer caer en actividades ilícitas, peligrosas, las cuales ponen en riesgo a ellos y sus familias. Sin embargo, leía precisamente las declaraciones de un artista de fama mundial en el día de ayer, quien ha acumulado más de 30 discos de platino y 65 de oro, y declara en una entrevista sentirse frustrado y solo. Su nombre es conocido por todos, especialmente los de habla hispana, y es nada más y nada menos que Cristian Castro. Tanta fama y dinero no han llenado su vida, así como la de tanta gente que ves lucirse en revistas, periódicos, familias que lucen hermosas y podrían estar en condiciones iguales o peores que este famoso personaje. Recuerda, que lo esencial no se compra con dinero, porque no tiene precio.

viernes, 21 de febrero de 2014

Hoy más que nunca

Hace un tiempo, regresando en un vuelo Madrid-Santo Domingo, me puse a ver una película. La trama de la misma consistía en un joven de alrededor de 30 años que intentaba secuestrar un tren, manteniendo en uno de sus vagones varios rehenes, sumamente armado. En medio del suspenso, tenía una disyuntiva sobre lo que había decidido hacer, en combinación con el grupo al que pertenecía, y el choque que le ocasionaban los pensamientos que fluían a su mente acerca de todo lo que su mamá, desde niño, le había inculcado.

Navegando en el recuerdo, cuando las frases de amor al prójimo, respetar a los demás y una serie de valores martillaban en su cabeza, éste se frenaba, y con ello se debilitaba la intención de agredir a cualquiera de las personas. Durante todo el nudo de la película, no hacía otra cosa, mientras más amenazaba, que pensar en la forma amorosa en que la madre le aconsejaba sobre lo que era bueno  o malo. A medida en que arreciaba la situación y se sentía acorralado por el sonido de las bocinas que le decían que se entregara, éste, en su desesperación por ejecutar su plan y  casi enloquecido, sin mostrar temor por su propia vida, gritaba por lo general diciendo: “¡Ya, ya, mamá, ya! ¡¿Por qué no puedo dejar de pensar en lo que me enseñaste y lastimarlos?!”, hasta el punto en que decidió, sin mostrar jamás miedo a lo que le pudieran hacer las autoridades,  entregarse, expresando con gritos desesperados que no podía hacerlo y pidiéndole perdón a su mamá, quizás ya muerta, por lo que intentaba hacer.

Sembrar valores cuesta, ya que es mucho lo que hay que corregirles a los hijos, especialmente en la actualidad, donde aparentemente todo es permitido, de forma tal que las personas se me acercan, especialmente madres con niños pequeños, por todas las dudas que tienen acerca de la educación en la familia.

He querido citar este ejemplo, aunque es de una película, no fue real, intentando mostrar el peso que tiene en la vida ya adulta lo que se aprende dentro del hogar. Mantener valores y reglas firmes en nuestras familias, con valores cristianos, éticos y morales, pero, sobre todo, con lo que insisto siempre es la fuerza principal con la cual podremos cambiar y rescatar todo lo que se ha perdido, el amor. No te canses de enseñar.

Sólo tuya

El mes de febrero ha sido tomado como el Mes del Amor. No obstante, esta palabra envuelve algo tan profundo que La Biblia dice que Dios es amor. Por tanto, nuestra esencia, como humanos está basada en el mismo, en virtud de que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.

Escuchaba, el pasado domingo en la noche, al final de la prédica de mi pastor, que los especialistas de la conducta humana deberíamos buscar y establecer como base principal, para sanar trastornos emocionales, como la depresión, la forma en que este individuo se compara y compite con otros.

¿Podría convertirse el Mes del Amor en el detonante de conflictos entre parejas por comparaciones establecidas con la forma en que se tratan o manejan otras? ¿Hasta dónde afecta usted creer que se le quiere más o menos por un regalo? ¿Se puede medir la calidad de una relación de pareja y el grado de ésta por palabras expresadas?

Intento con esta reflexión, que quienes hoy puedan estar envueltos en sentimientos de tristeza, soledad, porque entienden que en sus relaciones no están siendo amados (as), precisamente por faltar determinadas manifestaciones que entienden deben recibir, vean que las mismas van a depender de algunos elementos que voy a citar.

Es importante reconocer que nosotros, una vez adultos, respondemos y actuamos en función de todo lo que hemos recibido y la forma en que  nos ha sido dado; cuál era el manejo de la familia en la cual nos formamos.

Por ejemplo, un hombre, quien en su hogar no se importantizaban cumpleaños, se le hace bastante difícil tener presente los mismos de las personas que ama. En este caso, si tu pareja es uno de ellos, jamás creas que le seas menos importante por ello.

Y, lo que es peor aún, que suelo enfrentar en terapia de pareja, la tendencia de la mujer entre su círculo de amigas establecer comparaciones entre su manejo de pareja y la de éstas. ¿Cuántas cosas día a día te muestran todo lo contrario?  Otro elemento determinante y que quiero dejar sentado es que nadie da lo que no tiene; que, si tampoco se aprendió a expresar verbalmente los sentimientos y emociones, sino hasta a retenerlos, a la hora de demandar, lo único que provocas es generar en él otro sentimientos de culpabilidad y frustración.

Mano a mano

Nuestras autoridades, conjuntamente con toda la sociedad, se encuentran altamente preocupadas por todos los eventos que a diario nos sorprenden dentro de nuestro medio. Ampliar la mirada y dar un vistazo al mundo nos muestra que estos acontecimientos negativos también están ocurriendo en otros países.

Estamos atravesando una gran crisis moral, económica, de valores, donde la mayoría de los individuos, no saben qué hacer. Los hechos de violencia callejera e intrafamiliar son motivo de estudio para todos.

Hemos insistido desde hace tiempo, a través de este medio, sobre la necesidad de retomar nuestros valores, rescatar las familias y, sobretodo, la importancia de éstas para el buen funcionamiento de una sociedad. La frase “familias sanas aseguran sociedades sanas” también la hemos resaltado en más de una ocasión, ya que es indiscutible que el deterioro o daño de éstas repercute totalmente sobre las otras.

En cuanto a la violencia intrafamiliar, especialmente la de género, a pesar de que las estadísticas señalan que a  inicio de este año han disminuido, cuando nos encontramos, como el día de ayer, en la portada de este mismo diario, con el rostro de una joven madre de siete niños, mantenida en rapto por su esposo, con todo tipo de maltrato psicológico, al punto de que a los pequeños no los tenía ni en la escuela, nos lleva a reflexión.

Es necesario educar a la sociedad para que la mujer entienda que ella no es un objeto en una relación de pareja, sino una compañera, merecedora de respeto y consideración, y sobre  todo, a no pasar por alto desde el principio del establecimiento de un hogar los primeros asomos de violencia verbal o física, con lo que se evitan daños mayores como el ejemplo citado.

El origen de la gran mayoría de los problemas sociales que nos afectan en estos momentos, es precisamente por los conflictos familiares y la distorsión de la familia, razón por la cual insisto es donde tenemos que trabajar. 

Medios de comunicación, iglesias, escuelas, clubes sociales, juntas de vecinos y las familias deben colocar su grano de arena para que podamos eliminar todo este flagelo que nos rodea. Apoyemos a nuestras autoridades, no son las responsables. Es, más bien, responsabilidad de todos.