viernes, 1 de agosto de 2014

Protejámonos


Los accidentes de tránsito se han convertido en noticias de primer plano, casi a diario, en los medios de comunicación. A través de este medio, en varias ocasiones, hemos hablado acerca de la problemática social en la que se ha convertido este mal. Pero, no son solo los accidentes de tránsito, sino que los mismos generan grandes pérdidas de vida en nuestras carreteras y calles, en ocasiones arrastrando con familias completas. E penoso estar colocados dentro de los principales países del mundo de mayor índice de muertes por esta causa.

Si hay algo en lo que hay que hacer un arduo trabajo es, entre las autoridades de tránsito, las asociaciones de transporte y la sociedad en general, en concientizar y educar en cuanto a la importancia de la prudencia al conducir un vehículo de motor. Es increíble ver la forma en que te rebasa y atraviesa un motorista, un chofer de carro público para tomar un pasajero y qué no decir de los conductores de vehículos pesados, los cuales al parecer creen ser los dueños del tránsito vehicular.

El hombre es un animal de costumbre; tiene la característica de adaptarse al medio que lo circunda, y es una de las cosas que los que habitamos en este país hemos hecho para poder salir a las calles, sabiendo los altos riesgos que hay que enfrentar cada día para moverse de un lugar a otro, donde, más que una ciudad, parece una jungla.

Hay carreteras que por una serie de razones, como, por ejemplo, reconstrucción de tramos, hay que ir con mayor prudencia y, aun con todas las señalizaciones colocadas en las mismas, por experiencia propia, pareciere como si los conductores fuesen ciegos, ya que los mismos las evaden, sin entender que con ellas se pretende evitar precisamente se produzcan accidentes de tránsito; especialmente aquella que va hacia el sur del país, donde hay tramos inhóspitos, en los que se atraviesan kilómetros de doble vía, los cuales dan cabida mayores riesgos. No obstante, difícilmente te aparezca una autoridad que sirva de freno a tantos individuos que no comprenden las implicaciones de conducir temerariamente. Por tanto, sería de gran ayuda mantener a ciertas distancias, patrullas que regulen la manera en que se conduce en dichos tramos.
Sin embargo, el trabajo para acabar con este mal es tuyo, mío, de las autoridades. Es de todos.

jueves, 31 de julio de 2014

Realmente valioso


Hace apenas dos días, tengo de visita en mi casa a dos sobrinas que vinieron a pasar sus vacaciones. Conversando con la más pequeña, que tiene 10 años, le pregunto: “En este momento, ¿qué agradeces a Dios?”; y me respondió: “Estar aquí con ustedes”.

Hace par de semanas, una amiga que tiene tres niños, no mayores de once años, pretendía enviarlos a uno de los mejores campamentos de nuestro país, lo que ella consideraba que era aprovechar las vacaciones. Para su sorpresa, el mayor le pregunta: “¿Es que no nos quieres en la casa?” y, enfáticamente, los otros le secundan y, unánimes le dicen: “Necesitamos este tiempo para estar en nuestra casa, disfrutarla y estar en familia”.

En la mayoría de los casos, los padres suelen hacer grandes sacrificios económicos, a veces hasta préstamos bancarios, para enviar  a los hijos a campamentos o sacarlos fuera del país, tratando de dar una especie de recompensa, especialmente cuando estos han dado un óptimo resultado durante su año escolar. Sin embargo, vemos cómo, en ambos casos, coinciden como único interés estar en familia; siendo esto su mejor oportunidad, ya que hay mayor tiempo disponible para estar juntos.

En el primer ejemplo, estas dos niñas, dentro de cinco días, se juntan aquí con su mamá y su otro hermano, cuyo único interés es estar junto a sus seres queridos que tanto extrañan. Si observamos, pareciera como si los adultos estuvieran más confundidos en cuanto a la importancia que tiene la interacción y la unidad entre los miembros de la familia, creyendo que irse a un resort, por ejemplo, aun vayan todos juntos, es un verdadero disfrute de vacaciones.
Contrario a esto, demandan sacar el jugo a las mismas con, sencillamente, estar más tiempo que nunca con papá, mamá, hermanos, primos, etc. Algo que quiero recomendar es hacer turismo interno, en lugares hermosos y naturales que disponemos en este bello país, ríos montañas, cuevas, lagos y, en ocasiones, con apenas algún costo, ir a pueblos donde se tienen familiares. Las vacaciones de verano  son un valioso tiempo para estar juntos en familia. Eso es para ellos unas hermosas vacaciones, que difícilmente olvidarán..

Lo mejor de ti


“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres…” (Colosenses 3:23)Desde pequeña, escuchaba a mi padre repetir la frase: “Si limpias zapatos, hazlo bien y nunca te faltarán clientes”. Aunque este principio es aparentemente simple, el mismo me sirvió de base para toda la vida, entendiendo que en las cosas que emprendemos, aun las más sencillas, debemos dar lo mejor de nosotros.

Si hay algo en lo que hoy invierten millones y millones las grandes empresas, es en charlas, seminarios, cursos motivacionales, a través de los cuales sus empleados puedan dar calidad en servicio a los clientes. Se busca explotar la potencialidad de los individuos y con ella obtener los mejores resultados para la empresa. No obstante, aparentemente hay un descuido en el día a día con las personas que no tienen posiciones de alta relevancia en las mismas, las cuales, sin embargo, son el rostro a través del cual son proyectadas. Desde la persona que toma el teléfono, la cual a veces se siente tan desmotivada al hablar, que uno entiende no estar llamando a una empresa.  Pero, esto no es asunto de conferencias ni de entrenamientos, sino más bien, de que los individuos entiendan que donde están colocados deben dar y ofrecer lo mejor de sí mismos.

He observado, que son muchas las personas que no están de acuerdo y contentos en las posiciones que se encuentran en sus puestos de trabajo. El conserje está disgustado con su puesto, la secretaria tampoco quiere ser secretaria, el gerente quiere el puesto del director y, éste, el del presidente de la institución; y, todos inconformes por lo general con los dueños.

Aparentemente es un mal común, a través del cual se percibe como si estuviese la gente disgustada porque se le paga para trabajar; razón por la cual, entendiendo, claro está, que todos debemos tener metas y aspiraciones de crecer, pero, paradójicamente, haciendo con mediocridad y desmotivación el trabajo que toca, se aleja la posibilidad de poder llegar a posiciones mayores.
Basta entender que tú eres parte de esa institución o empresa y, más que esto, que de ti depende el éxito de la misma, que por ende es también el tuyo. Es la mejor retroalimentación para cada día.

Libre o cautivo


Estamos viviendo la etapa donde el hombre tiende a exigir como nunca lo que es su libertad. Se habla de libertad de expresión, libertad de culto y todas las demás, de las cuales puede disfrutar el hombre de hoy. En nuestro país, hace muchos años que hombres valientes pagaron el precio para que hoy nosotros como nación fuésemos verdaderamente libres. En nuestro escudo quedó escrito nuestro lema: Dios, Patria y Libertad.

Dios nos llama a ser libres. En la Biblia dice: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados” (Gálatas 5, 13). Por tanto, nosotros como seres humanos tenemos el derecho a ser libres, claro está, aprendiendo a hacer uso de ello sin confundir esto con el libertinaje.

En medio de todas estas demandas de libertad quiero revisar un sentimiento que mantiene en cautiverio a muchas personas: el rencor. Éste forma una especie de prisión, manteniendo a las personas cautivas, perturbadas y amargadas. Son muchos los individuos que llevan consigo este sentimiento, con el cual viven resentidos con padres, hermanos y, en ocasiones, con la sociedad.

Por lo general el rencor es difícil de admitir y, sea de manera consciente o inconsciente, tratamos de negar que lo sentimos nosotros mismos. Desgraciadamente, el mismo daña y corroe precisamente a quien lo siente. Son muchas las enfermedades físicas o psicológicas que serían sanadas con solamente “matar el rencor”. También sostiene la Biblia: “El corazón alegre constituye buen remedio, más el espíritu triste y amargado seca los huesos” (Proverbios 17:22). Con esto vemos la necesidad de cambiar este mal por uno que devuelve tantas cosas y que no nos cuesta nada: el perdón.

Es probable que al revisar tu interior a partir de este momento, empieces a encontrar situaciones que te han mantenido preso en tus propias redes, lo que quizás por años ha imposibilitado que llegues a ser verdaderamente libre. Se lucha mucho por la libertad, pero las calles están llenas de personas que sin darse cuenta, están atadas, encadenadas y privadas de todo tipo de libertad.

El rencor o resentimiento, no ata a la persona hacia la cual está dirigido el sentimiento, por el contrario, destruye, imposibilita y daña, privando de todo tipo de libertad, nada más y nada menos que al mismo que carga con este. ¡Libérate hoy!

En seis letras


“14…el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos… 26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.” (1 Corintios 12:14,26)

Mientras leía este pasaje bíblico, entendí cuán poderosa es esta verdad, y cómo podemos interpolarla a la vida cotidiana y a todo tipo de relación interpersonal. Empezando por la familia, uno de los elementos más importante dentro esta es la manera en la cual los individuos que la componen mantienen nexos de unidad, claro está, respetando siempre límites entre ellos. Aquellas donde, aunque cada cual tiene su espacio, se manejan internamente como un equipo en el cual todos son importantes. En las familias donde la necesidad o el triunfo de uno soncompartidos por todos, es casi imposible terminar dando malos frutos.

Así como señala la cita, que todos son importantes en el cuerpo, de igual forma sucede en el lugar de trabajo. En cualquier empresa o institución, el éxito de la misma va a depender de la forma en que se involucren y se manejen entre ellos. Donde, desde quien brinda el café, hasta el más alto ejecutivo entiende que todos tienen un papel a desempeñar, cada uno importante y necesario, tratando de hacerlo en forma excelente, hay que tener por seguro, al igual que en hogar, que cada día más ésta va a marchar mejor.

Partiendo de mi propia experiencia, al salir a nuestras calles diariamente, también entiendo que falta reconocer que en la sociedad hay que trabajar este concepto que se llama unidad. Si se tuviera claro que el dar paso a un peatón, ceder a aquel que intenta hacer un rebaso, no tomar, en el caso de los vehículos públicos, un pasajero con lo que provoca pérdida de tiempo a los que estás detrás olvidándolos a detenerse o algo como tocar permanentemente bocina de manera innecesaria es una forma de unidad entre todos, se evitaría grandes situaciones generadoras de estrés y depresión psicológica tan pronto salimos a la faena diaria.
Si se quiere que nuestro país, nuestras familias, nuestras empresas y todo lo que humanamente hacemos en la interacción de unos con otros sea exitosa, es necesario buscar, proponer y destacar entre sus miembros la unidad. Esto se logra reconociendo que tu sociedad, tu empresa y tu hogar dependerán precisamente de que entiendas que son un todo, un cuerpo en el cual, tanto, la mano, el pie, intestino, son necesarios, donde cada uno lo completa.

Evitar el contagio


Repetir frases que otros pronuncian, las cuales están cargadas de negatividad, y que sin darte cuenta te apropias de ellas y las asimilas como verdad, es algo de lo hay que cuidarse. La transmisión de éstas  dentro del entorno familiar, donde no solo las siembra, sino que las riegas y alimentas cada día, traen como consecuencia que todos los que comparten dicho entorno terminen aceptándolas como su realidad.

Se repiten tanto en nuestras calles, ya sea en una fila, transporte público o en el mejor club social, frases como: “nuestro país es lo peor”, “esto no sirve”, “nada funciona”, “en nada se puede creer”. Sin embargo, basta dar una ojeada para ver que no solo hemos tenido la oportunidad de pertenecer a una sociedad de un país, donde encuentras seres humanos extraordinarios, que se exponen para salvar una vida perdiendo la suya, jóvenes que se unen a causas nobles.  Algo que nunca olvidaré es el terremoto de Haití: esquinas llenas de grupos de muchachas y muchachos, sin importar clase social, pidiendo agua, medicina o cualquier cosa que se pudiera aportar para la causa. Mientras que, en sociedades como España, por ejemplo, muchos jóvenes no se preocupan, aun con toda la disponibilidad para estudiar en prestigiosas universidades, por hacer una carrera. Nuestros jóvenes, al igual que sus padres, hacen todo tipo de esfuerzos para llegar a ser profesionales. Basta aproximarse a un centro de estudios superiores para ver que éstos están abarrotados de estudiantes con deseos de superación y llegar a ser hombres y mujeres preparados. La sociedad nuestra está integrada mayormente por jóvenes. Por tanto, cuidar lo que se inculca es base fundamental para el desarrollo de la misma y operar los cambios que todos queremos que se produzcan. Repetir valores morales, patrios, cristianos, familiares, es responsabilidad de todos nosotros. Todos tenemos la oportunidad de aportar palabras que dosifiquen seguridad, confianza, amor, a través de las cuales, cada miembro, al salir del hogar, lo haga preparado para seguir salpicando por donde quiera que pase lo mismo de lo que ha sido alimentado en su familia.  Si queremos ser una sociedad transformada, necesitamos, por todos los medios, evitar ser contagiados de todo aquello que solo daña a quien lo dice, al que lo escucha y a quien lo cree.

Sin perder la cabeza


Adaptarse a los cambios, cuando estos implican tener que bajar los estándares de vida, provoca en los individuos gran conflicto. Entender que nuestras circunstancias han cambiado, ya sea por la pérdida de un empleo, un negocio que se va a la quiebra o un problema de salud, como una enfermedad catastrófica, nos obliga a buscar medidas para reestructurar por completo nuestra forma de vivir hasta ese momento. Esta disyuntiva, claro está, en países como el nuestro, donde “es importante” la apariencia de lo que se tiene, se hace más difícil en virtud de que genera una especie de temor a perder lo que para muchas personas es vital. Tengo una pariente que, en forma irónica, siempre ha dicho que: “el peor insulto en nuestra sociedad es ser pobre”.
Hace unos años tuve la oportunidad de vivir la experiencia de una persona que a raíz de una situación en su negocio, donde por el alza del dólar su capital casi se eliminó, tomó como medida capitalizarse con lo que tenía en esa época disponible en sus manos, su carro. Después de sopesar y entender que con este podía empezar a recapitalizarse, en tres día tuvo la oportunidad de venderlo, donde hasta sus hijos se sintieron conmovidos. Para una persona que siempre ha tenido vehículo, tomar esta decisión (cuando sabemos que el transporte público es casi imposible), aunque parezca sencillo, cuesta. Pasado año y medio, después de un plan de austeridad en la familia, donde se eliminó hasta la compra de una pizza en domingo, manejándose en taxi, “bola” y los hijos hasta en carro público, toda esta catástrofe económica se convirtió en historia pasada y, de no tener vehículo, adquirió uno de mejor calidad.
Lo que les acabo de narrar parece simple, sin embargo, conozco familias que se están manejando con gran caos, el cual provoca en los miembros de la misma todo tipo de dificultad en su cotidianidad. Todo esto porque no han aceptado que la circunstancia del momento no les permite mantenerse en la misma condición que se encuentran. Si en algunas de estas situaciones ya citadas tienes que tomar decisión de cambiar de vivienda, vehículo, colegio de tus hijos, suspender o acortar salidas innecesarias, no busques consenso de nadie y solamente acepta tu realidad.