miércoles, 28 de mayo de 2014

El insustituible papel de ser mamá


Ser madre no es un título que se adquiere estudiando en la universidad, es un reconocimiento que se logra con la energía de amar, guiar, cuidar, acompañar y proteger con devoción a los hijos en cada una de sus etapas.



En todo el mundo se dedica un día especial a ese ser que la naturaleza ha encargado de la reproducción y procreación de la raza humana: Se trata de esa mujer que lleva el título de madre.

De todos los roles que una mujer desempeña, el más importante y el de mayor responsabilidad es el de ser mamá, ya que desde el momento mismo de la concepción del embrión, se desarrolla en ella un sentimiento especial e indefinible hacia ese ser que crece dentro de ella.

Desde el momento mismo en que se tiene el primer hijo nace en el interior de la mujer un sentimiento que sobrepasa cualquier definición que se pueda establecer. Es una combinación de renuncia, entrega y amor pero, sobre todo, de protección, de manera que ante cualquier situación que se presente en su vida estará por encima la seguridad de ese hijo. Por tanto, si hay algo grande que Dios regala a una mujer es la oportunidad de ser madre.

En estos tiempos la función de ser mamá es muy compleja en virtud de que son múltiples los roles que desempeña la mujer moderna. Hoy día esta estudia y es un ente productivo desde el punto de vista económico, por tanto tiene que manejar con más dificultad el desempeño de esta función. Son muchas las madres las que desde su oficina mantienen y dirigen el cuidado de sus niños, y aunque el papá de hoy se involucra en forma más integral en el cuidado de los hijos, sigue siendo ella el eje central en el desarrollo de los mismos.
El difícil rol de las madres solteras

En los hogares monoparentales, dirigidos solo por la mamá, es verdaderamente difícil su desempeño cotidiano. Su día empieza con la preparación de los niños para mandarlos a la escuela, prepararse ella para irse a trabajar y luego al medio día va a buscarlos para regresarlos al hogar. Su labor no termina ahí, ya que tiene que regresar de nuevo a su trabajo y continuar al tanto de todo lo que acontece hasta la hora de acostar a sus hijos. En esta lucha constante es importante cuidar la parte emocional de esta madre, tratando cada día de buscar puntos de equilibrio para lograr un desenvolvimiento sano, tanto para ella como para sus hijos.

Este tipo de madre es muy común en nuestra sociedad, por tanto el reconocimiento a ellas en el Día de las Madres, y cada día de su vida, debe estar presente. Aquellas que les ha tocado levantar sus hijos a veces, hasta lavando y planchando, por lo general son recompensadas de manera muy especial por sus congéneres.

Mamás adoptivas
Para aquellas mujeres, que por alguna razón no han podido concebir, aun agotando todos los recursos disponibles, pero que alberga el sueño en su corazón el deseo de tener hijo, la adopción es un noble recurso para desarrollar el rol de mamá, de forma tan hermosa, como si fuese de su propio vientre.

María, quien adoptó un bebé cuando apena tenía tres días de nacido, meses después descubre que era sordomudo. Aunque después de que él tenía 10 años se embarazó de una niña, el amor por este niño nunca fue sustituido, al contrario, dado su condición, su entrega y dedicación fue tan grandes que nadie podía imaginar que este niño era adoptado.

Los sentimientos de una madre no biológica son tan auténticos como los de aquella que procreó, lo que demuestra que mamá, va más allá de la procreación misma y más que todo, el amor de ella solamente se compara con el que Dios tuvo para la humanidad entregando a su hijo Jesucristo a morir en la cruz por todos nosotros.

Derrumbando el mito de las madrastras
Por lo general se llama de esta forma a aquellas mujeres que asumen la responsabilidad de criar los hijos de su pareja. Independientemente de la edad en la cual son acogidos por esta, empieza a desarrollar un papel que consiste en ver a estos niños como si fuesen de ella.

Las madrastras tienen una función doble, ya que al asumir esta función que debería llamarse también mamá, tiene que ceder, sacrificar y desarrollar ese sentimiento que les haga sentir a esos niños el verdadero amor de madre, sin sustituir a la mamá biológica. Incluso, hay madrastras que son tan nobles que los hijastros que ellas crían, ya adultos, suelen decir que tienen dos mamás.

La sociedad tiende a estigmatizar a las madrastras, hablando de ellas muchas veces, en forma despectiva, sin embargo, encima de la gran responsabilidad que esta tiene sobre sus hombros desde el momento mismo que recibe los hijos de su cónyuge, tiene que hacer una reingeniería de toda su vida.

Soporte
La madre es el eje principal de la vida familiar. Es la guía de los primeros pasos de sus hijos y es el apoyo durante todo su crecimiento y toda su vida.

Saber
Ser madre no significa haber engendrado un hijo, es una labor que se asume desde el momento que se concibe a un hijo, hasta que la muerte los alcanza.

No importa el tipo de madre que sea

Independientemente si se es madre biológica, adoptiva o madrastra el sentimiento de ser mamá es insustituible e incomparable. Tanto es así, que no hay nada en el mundo que pueda sustituir un hijo y que esté por encima de su valor para la mamá. Dedicar un mes y un día especial para este ser tan especial es poco, ya que lo único que recompensa genuinamente a estas es el amor manifestado por sus hijos. Su mayor recompensa y el mayor pago consisten en reconocerlas cada día, amarlas, respetarlas, actuando siempre en función de lo que las haría felices.

Para aquellos hijos que aún tienen su madre a su lado…disfrútenla, porque solamente los que la han perdido, sin importar a qué edad, saben cuan necesaria es su presencia en su vida.  Aquellos que tal vez buscan más el cariño de sus progenitoras, que entienda que muchas veces las carencias afectivas pueden  que ellas transmitan, especialmente de manera verbal, ese amor y esa entrega hacia sus hijos y no por ello lo aman menos.

sábado, 17 de mayo de 2014

Sacrificio por amor


 Cuando tenía mis hijos entre tres y cinco años de edad, al pararme de la mesa terminando de almorzar e ir a la cocina, encuentro a quien los cuidaba con su plato en las manos y su rostro empapado de lágrimas. Al preguntarle qué le sucedía, sollozando me respondió: “Es que, cada vez que empiezo a comer, pienso en mis hijos que dejé en el campo y estoy segura que ellos no han comido”. Como madre muy joven igual que ella, me coloqué en su lugar y no pude evitar ponerme también a llorar y a consolarla. Me senté con ella, y descubro que había dejado sus cuatro hijos, uno de ellos con apenas meses, atendidos por la abuela, quien era de tan pocos recursos como ella y la motivó a venir a la capital en busca de una mejor vida, ya que su esposo, como es común en esta clase social, trabajador por jornal, tampoco tenía para sustentar su familia.

Este caso me enseñó algo que me ha quedado de por vida, y es hasta dónde puede ser capaz una mujer de llegar, en su papel de madre, para ayudar y sacar adelante sus hijos. No me quedé solamente con haberla escuchado y solidarizarme como mamá que disponía de todo lo que a esta le faltaba, sino que los días siguientes era yo quien, al sentarme a la mesa con mis hijos, apenas podía comer viendo cómo a estos había que hacerle cuentecitos para motivarlos a ingerir todo su almuerzo, mientras que aquellos tal vez habían ingerido un vaso de agua. La concienticé de regresar a su casa, entendiendo que aunque a través de mí tendría un salario, se habían quedado cuatro niños, no diría que en abandono, pero ya para mí era un acto de injusticia tenerla a ella.

Sé que cuadros como éste se repiten a diario, tanto en zonas marginadas de la ciudad como en el campo. En este momento se están implementando proyectos, que todavía no se ha asimilado la magnitud del cambio que llevarán a nuestra sociedad, y son las tandas extendidas en las escuelas, que permiten a los niños desayuno, almuerzo y merienda, así como también las estancias infantiles, donde se pueden llevar los niños y dejarlos al cuidado de manos expertas y alimentación adecuada. Aplausos a todos estos proyectos sociales, cuyo aporte es incalculable. Y tú, ¿con qué puedes aportar?

Mi tía Irelinda


Desde muy joven, se dedicó a educar, especialmente en la etapa de la alfabetización, donde su mayor logro consistía en mostrar cómo  leía y escribía cualquiera de sus pupilos. Esta fue considerada como una de las mejores maestras de su tiempo, quien vivía preparándose y actualizándose para esta principal motivación de vida. Solía repetir nombres de hombres y mujeres que habían obtenido títulos técnicos o universitarios con altas calificaciones, diciendo: “A éste/a fui yo quien le enseñó a leer y escribir. Además, era maestra de primero y segundo de básica, y solía llevar sus “trofeos” a cursos superiores, dando muestra de cómo un niño recién alfabetizado podía leer y escribir, no solo correctamente, sino competir en lectoescritura con grados muy por encima.
Siempre recibía folletos y material, que no sé de qué manera se la ingeniaba para hacerlo, desde España, los que servían de instrumento para sus enseñanzas. Me llegó a decir que es muy importante vivir investigando  sobre la educación, lo que le permitía haber logrado colocarse en la posición que en la sociedad tenía.

Esta mujer de la que hablo, quien nunca tuvo hijos, ya que la naturaleza no le permitió procrearlos, volcó en interés y amor todo ese sentimiento y lo combinó con lo que yo entiendo que es un arte, ser maestra. Esta semana tuve la oportunidad de ir a su comunidad y compartir con ella, lo que me dejó una gran reflexión de cómo debemos aprovechar cada momento, desempeñar a la excelencia en lo que la vida nos ha colocado, pero, sobre todo, dar lo más que podamos de nosotros hasta cuando sea posible. No solo se esmeró en su vida profesional, sino también como ciudadana, mujer, esposa y madre de tantos. Hoy, sentada en su silla de ruedas, ya que apenas puede caminar, con aproximadamente 92 años, de los cuales en los últimos 5 años, todo ese cúmulo de conocimiento fue borrado de su memoria. No sentí lástima, porque aunque ya no recuerda nada, debido a la enfermedad de Alzheimer, de lo poco que le llegó, sin saber quién soy ni quiénes son los que le rodean, repite una corta frases, quizás para algunos un poco incoherente, pero para mí digna de analizar, y es, acompañada de un suspiro, como si una chispa de algo llegara a esa memoria perdida: “La vida es un fandango, y, el que la piensa, un pendango”.

martes, 15 de abril de 2014

¡Qué privilegio!

Por demás está decir, para los que habitamos en esta pequeña isla, que somos  un pueblo de un alto valor cristiano, donde hombres y mujeres, sin importar nivel cultural o social, viven la fe cristiana. Para aquellos que han tenido la oportunidad de visitar otras naciones, por ejemplo  el continente europeo,  habrán notado  cuán escépticos son los individuos en cuanto a lo espiritual.
Entienden que es una especie de mecanismo de defensa de los pobres y aquellos con falta de intelectualidad para evadir su propia realidad. Tanto es así, que fue considerada la religión (aunque el Cristianismo no es una religión) como el opium de los pueblos, o lo que es lo mismo, una forma de buscar cómo vivir la realidad.

Sin embargo, en nuestro país tenemos la oportunidad y la bendición de vivir en una sociedad donde desde el más alto nivel, que es nuestro Presidente, clase intelectual y profesional, hasta el que vende frutas en una esquina, no solo busca de Dios y cree en Él, sino que da gracias en la situación más insignificante por todo. Algo cotidiano en el día a día nuestro es, al preguntar a alguien “¿Cómo estás?”, recibir como respuesta “bien, gracias a Dios”. Hermosa bendición para todos es ser dominicanos; donde la libertad de culto es una realidad palpable, cualquiera profesa su fe sin importar a qué grupo pertenece. Mientras, todavía hoy en pleno siglo XXI, existen países donde, no solo está prohibido hablar del Creador, sino que llegan hasta el punto de encarcelar y matar a aquellos que intentan profesarlo.

Semana Santa es tiempo propicio, además, para aquellos que por el correr en su día a día, no han comprendido la importancia de llenar esa parte, que por muchos bienes materiales que obtengas y posición o estatus social que adquieras no se satisface. También para que hagan un alto en el camino y aprovechen este espacio para ver y preguntarse lo siguiente: “¿Qué me pasa, que lo tengo todo pero me siento vacío?” “He adquirido fama, dinero, alta preparación académica. Entonces, ¿Qué me falta?”

Como especialista de la conducta, he entendido, por vivencia propia y de mi familia, la importancia y llenura que trae a la vida del ser humano aprender a, como dice la Biblia en Mateo 6:33: “Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Me pregunto...

En días pasados, recibí un video, de tantos que le llegan a uno, que fue de gran impacto para mí. Un niño, que por su voz no parece tener más de seis años, cuestiona las implicaciones y cambios que trae la vida, a partir del momento que llega la mayoría de edad; no entiende por qué los adultos pierden la sonrisa, andan preocupados, la mayor parte de su tiempo se la pasan buscando dinero y más dinero para comprar cosas y que, una vez obtenidas, para nada parecen servirles porque siguen con los rostros endurecidos. Se hace una serie de cuestionamientos de hasta dónde es mejor quedarse niño que entrar y montarse en el “tren de los adultos”.

Cada día las personas se enfrascan en más tareas, las cuales les roban no solo lo que analiza el niño, sino que acaparan todo su tiempo, sin que apenas puedan disponer del mismo para las personas cercanas, especialmente su familia. Si te sientas a conversar, por ejemplo, con jóvenes, te darás cuentas que por lo general estos han perdido la costumbre de compartir en familia, ya que por lo visto la familia, debido a múltiples ocupaciones, apenas coincide en el hogar y, cuando están, son tantas las preocupaciones y, como dice el niño, “caras duras”, que aunque tengan la necesidad de hablar con sus progenitores, entienden que ya con los problemas expresados en sus rostros les basta.


Entonces, ¿con quién van ellos a hablar y a quién le van a expresar sus inquietudes, necesidades y dudas? Es por eso que, igual que el niño, desearán retroceder, no crecer y así tal vez les hacen caso. Lo peor de todo es que lo más adultos no se dan cuenta de la situación, porque ya han hecho de esto un estilo de vida que no solo les envuelve, sino que se acostumbran y, apenas llegan al hogar, necesitan seguir revisando y tratando de seguir solucionando cosas “importantes” y que son “necesarias de analizar” y con ello al día siguiente ven si se pueden solucionar. En este círculo vicioso vive una gran parte de la sociedad; sin darse cuenta que, cada vez más, va perdiendo, no solamente la capacidad de sonreír, sino de compartir la cosas pequeñas, disfrutar pequeños momentos con sus seres queridos, lo cual, si te detienes a ver, es lo único que verdaderamente tiene sentido. ¿Te encuentras dentro de este grupo? Rescata lo que en realidad tiene valor.

viernes, 21 de marzo de 2014

Asesinos Sueltos

Regresando el domingo 5 de enero, de este mismo año, de hacer entrega de juguetes a niños de un campo de Baní, función que realizo con un pastor y su esposa desde hace años, pasamos un gran susto. Justo llegando al peaje conduciendo mi vehículo en el que veníamos cinco personas, un autobús repleto de pasajeros se nos abalanzó encima, de forma tal que, gracias a una buena respuesta de reflejo de mi parte, me tiré casi sobre un muro para que no nos aplastara. Y, lo peor de todo fue la sonrisa burlona del conductor de aquel vehículo;  parecía como si el inminente peligro le hubiese producido un gran placer. Pero, unos minutos antes, en el mismo tramo, vimos un motorista tirado en el pavimento a causa de un accidente que acababa de tener. Los accidentes de tránsito en la República Dominicana ocupan las principales noticias en los medios de comunicación, con lamentables pérdidas de vida y, aun con los esfuerzos que están realizando las autoridades competentes, siguen siendo una de las principales causas de muerte que se dan día a día.

En ocasiones anteriores, he hecho mención de que una persona con un volante en la mano es alguien que si no tiene la salud mental y condición emocional adecuadas, representa un peligro inminente, tanto para sí mismo como para los que transitan a su alrededor. Voy a hacer énfasis en los choferes de vehículos, motivada por la desgracia recién ocurrida en la carretera de Azua, donde nueve personas perdieron la vida y otros se encuentran heridos, por la imprudencia y, más que imprudencia, por el acto criminal de una persona que conducía una patana en vía contraria. Pero, son muchos los accidentes que diariamente son provocados por el desafío de estos individuos, que pareciere que el tamaño del vehículo que conducen les hace sentir que son dueños de nuestras carreteras.

Cuando miro cosas como estas me pregunto si se está cumpliendo el respeto al mismo. No es suficiente con que estos choferes pasen un examen práctico, teórico, oftalmológico y físico. Es vital someterlos a una evaluación rigurosa y exhaustiva de la condición de su personalidad y de su estado emocional por psicólogos, psiquiatras y especialistas en la materia. Los accidentes provocados por estos individuos, son actos tan criminales como el que toma un arma de fuego en sus manos para terminar con otra vida.

Es penoso

En nuestro país existen algunas familias, tanto de descendencia extranjera como nuestra, que hoy día, sin haber sido originalmente ricos, poseen de las principales fortunas de la República Dominicana. Éstas y sus descendientes, durante décadas han realizado arduas tareas, acompañadas de sacrificios y esfuerzos en los cuales se involucran todos sus miembros. Mirar las posiciones económicas, moral y social que hoy lucen, es muy sencillo y, querer llegar a estar como ellos a pasos agigantados es frustrante y peligroso, ya que desde afuera no se ve que estos logros han sido dados escalón tras escalón, sacrificio tras sacrificio.

Opuesto a esto, pareciere que las nuevas generaciones consideran que los bienes se adquieren en forma de microondas, sin tener que sacrificar nada, empezando desde lo alto y olvidando que, si subes dos escalones a la vez, casi seguro tendrás una fuerte caída. Por tanto, es preocupante, cuando te sientas a conversar y descubres la prisa y el fenómeno de competencia que se da entre ellos, para ver cuál llega más lejos en términos económicos, quién exhibe más cosas (casas, carros, viajes, etc.) y, lo que es peor aun, la manera permanente de divulgarlos a través de redes sociales, provocando consciente o inconscientemente mayor sentimiento de querer estar igual o mejor de parte de quien lo recibe, que son sus “amigos”.

Vivimos un momento histórico, donde existe la confusión de cambiar “quien soy” por “lo que tengo”. Esta búsqueda rápida de sobrepasar familias que llevan, como señalé al inicio, a veces hasta más de un siglo de trabajo para llegar a donde están, es una problemática que puede hacer caer en actividades ilícitas, peligrosas, las cuales ponen en riesgo a ellos y sus familias. Sin embargo, leía precisamente las declaraciones de un artista de fama mundial en el día de ayer, quien ha acumulado más de 30 discos de platino y 65 de oro, y declara en una entrevista sentirse frustrado y solo. Su nombre es conocido por todos, especialmente los de habla hispana, y es nada más y nada menos que Cristian Castro. Tanta fama y dinero no han llenado su vida, así como la de tanta gente que ves lucirse en revistas, periódicos, familias que lucen hermosas y podrían estar en condiciones iguales o peores que este famoso personaje. Recuerda, que lo esencial no se compra con dinero, porque no tiene precio.